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Habiendo nacido en una familia cristiana, heredé consciente e inconscientemente la tradición cristiana, las oraciones, las canciones, un credo (que al tiempo en tiempo iba afirmando). Criarse en una familia cristiana es uno de los mejores regalos que he recibido en mi vida. Los valores entregados, la atención desprendida, el amor, la fe sencilla, la vida en comunidad, la iglesia y la familia de Dios, todos, grandes regalos y dones que hasta hoy agradezco. 

Ahora, entendemos que de pequeños, la fe puede descansar en la autoridad de nuestros padres, pero al llegar a la juventud o edad adulta, la fe tiene que ser propia y avalada por una experiencia de primera mano.

 

Ya en la juventud, sirviendo en la iglesia junto a mis padres (pastores) en la ciudad de Copiapó, poco a poco se veían venir las dudas y las vacilaciones en términos intelectuales, frente a interrogantes del cristianismo, sus pro y sus contra, las demás religiones, un Jesús amante y tierno pero entendido desde distintas posturas con distintas interpretaciones, dudando acerca de la veracidad de las escrituras, sumando mi poco entendimiento acerca de la Gracia restauradora, me vi en un valle de espinas y oscuras dudas y pecados que atormentaban mi servir en la iglesia y mi vida como cristiano.

Fueron días de fracasos y caídas, de pecados y mentiras. Entonces perdí por un tiempo el rumbo de una fe sencilla, en un momento en donde la religión por obras no me servía como "la roca en la tormenta" ni respondía en soluciones firmes a mis más oscuros pecados. Me encontré en un momento donde necesitaba detenerme y observar. 

 

Por casi tres meses permanecí alimentando las incertidumbres, y buscando respuestas en lugares y personas equivocadas, más necesitado de su Gracia fue que mientras vivía en Santiago de Chile comencé nuevamente a volver a buscar (o él me trajo) a Cristo. Aún no era respondido mi titubeo por el cristianismo pero confiaba en que Dios traería paz y luz en su tiempo.

Fue entonces que pasado unos 4 meses un amigo me invitó a un estudio de San Marcos en RCU y asistí solo por la curiosidad de la enseñanza. Para mi sorpresa, más que encontrar respuestas apologéticas o por el estilo, encontré al Cristo de las Escrituras, la razón más que suficiente, me encontré abrazando la sangre expiatoria del calvario como la única fuente para mi alma. Lo abracé de manera más palpable y evidente como nunca antes. Y fue por medio de su Palabra.

 

Fueron meses bendecidos por la Palabra de Dios, momentos de observación silenciosa, llevándonos y confrontándonos por medio del estudio inductivo y las preguntas de aplicación. Fueron días de comunidad, de confianza en mis hermanos, de amor por la misión y de una vida en el Espíritu como pocas veces la vemos. No elogio los métodos, ni al grupo en particular, pero reconozco su amor y entrega por el Evangelio. El cual exponiéndonos y examinándonos, sacaba a luz nuestros fallos y necesidades más profundas para recibir el apoyo de la comunidad, y el abrazo de la siempre y eterna confianza en la Misericordia y Gracia de Dios.

 

Meses después, Dios puso en mi corazón el servir de manera más comprometida en su obra y volví a mi ciudad a servir junto a mis padres en la iglesia, hasta el día de hoy. No he perdido el contacto con RCU, ni con toda la comunidad que los rodea, sino que aún más, fortaleciendo la amistad con ellos he podido capacitarme en la misión y servir con muchas herramientas que me han sido enseñadas por ellos para poder aplicarlas en donde vivo y sirvo. 

 

Creo que una comunidad universitaria centrada en la palabra de Dios aplicando el evangelio de manera coherente entendiendo los tiempos y las ideologías vivas en la vida universitaria es clave para todo cristiano o estudiante con dudas y preguntas. El aporte que hace RCU se ha venido a sumar a la tarea de hacer discípulos, no solo llenar salas, o salones con buena música y mucha buena onda, sino con la Palabra bien enseñada y aplicada. Invitando a los chicos a una comunidad viva que aplica y comparte el Evangelio.

En el valle de las sombras, su Luz.

Por Nicolás Ojeda.

República Comunidad Universitaria

 

Victoria Subercaseaux 41, Of 301.

Iglesia Anglicana Santiago Apóstol.

Santiago Centro

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