top of page

Ten fe y confianza en el Señor

Por Caitlin Prasad

“Ten fe. Confía en el Señor.” 

Estas fueron las últimas palabras de mi mamá al despedirse de mí y dejarme, llorando yo, en Chile por un año (bueno, además de muchos “te quiero”s). 

Francamente, estaba petrificada. Sola en mi departamento, atormentada por la perspectiva de empezar la U el próximo día- una nueva universidad, con nuevos compañeros, un nuevo sistema de enseñar, y, por si fuera poco, un nuevo idioma al que acostumbrarme- no pude recordar por qué había soñado con esta oportunidad durante tantos años. Cuando me dieron la oportunidad de pasar un año estudiando en Santiago, Chile, el corazón me dio saltos de alegría. Después de todo, uno no recibe oportunidades como esa todos los días. Así pues, no es de extrañar que aceptara la propuesta al tiro. 

Sin embargo, una cosa es decidir que vas a ir a estudiar por un año entero a veinte horas de casa en un país cuya lengua materna no es el tuyo y del que apenas has oído hablar, y otra cosa muy distinta es hacerlo. De eso me di cuenta al decir mi mamá esas palabras de despedida. 

¿Cómo voy a sobrevivir en este país extraño, donde no hay chocolate de Cadburys esperándome en cada supermercado, donde nadie me entiende cuando digo que no quiero salir a las once de la noche a bailar cueca (¿qué es eso??), y donde, al parecer, es completamente normal encontrarte con un perro extraviado en una sala de la universidad? ¿Y por qué, cada vez que hablo con mi familia, ellos responden a mi desesperación siempre con la misma frase, o una pequeña variación de esa: “Ten fe. Dios te cuidará- confía en Él”? Son lindas palabras, y les agradezco a todos que me estén tratando de animar, pero no lo están logrando; no necesito a Dios, necesito a mi familia, o a mis amigos.

 Así eran mis pensamientos durante los primeros dos meses en Chile; en esos momentos, me sentía como si estuviera a un millón de millas de mis seres queridos, y si ellos me eran inalcanzables, cuanto más iba a ser Dios- un Dios, por cierto, al que siempre había creído conocer y amar, y en que estaba segura de que  siempre había confiado. Estaba por rendirme.

Fue entonces cuando un amigo me contó sobre RCU, un grupo de estudiantes cristianos que se juntaban para estudiar la Biblia y compartir la palabra. A decir verdad, tenía mis recelos. La primera- y única- vez que asistí a un ‘club’ universitario cristiano allá en Edimburgo fue un desastre; nadie me habló, apenas pude escuchar a la persona que dio el tema por el constante ir y venir de estudiantes, y al dividirnos en grupos para hacer una actividad, me dio la fuerte impresión de que todos se conocían y nadie tenía interés en hacer de mí una nueva amiga. Por lo tanto, me había dicho que no importaba- que yo podía seguir siendo una cristiana buena y fiel sin compartir con otros cristianos, que la única cosa que importaba era que siguiera yendo a la iglesia los domingos y leyendo mi Biblia antes de acostarme, y si no entendía muy bien lo que estaba leyendo, bueno, Dios apreciaría el esfuerzo no mas. 

Fue con esta mentalidad que empecé a ir al grupo de RCU. Pero tal mentalidad no tardó mucho en cambiar, gracias al celo y entusiasmo por compartir la palabra de Dios que reconocí en los corazones de estos estudiantes y líderes. Por la primera vez en mi vida, me encontré rodeada de personas genuinamente apasionadas por enseñar y predicar el Evangelio, personas que no pensaban que la comunidad en Cristo empezara y terminara los domingos en la iglesia, personas que estaban desesperadas por compartir las buenas noticias con cuantos de sus compañeros que pudieran. Personas, por alguna razón que yo no entendía, a las que importaba la vida espiritual de una pobre estudiante extranjera que necesitaba urgentemente descubrir y entender qué significaba ser seguidora de Cristo. Gracias a este grupo, pronto desarrollé una verdadera sed para Dios y la Biblia, ansiosa para aprender y compartir más con esta gente tan similar pero tan distinta de mí- similar en su edad y su estatus de estudiante, distinta en sus capacidades, por su trasfondo y en su etapa espiritual- en cuya presencia podía preguntar cualquier cosa, discutir cualquier tema, hacer surgir cualquier duda que yo tuviera acerca de Dios y su palabra, con completa confianza, a sabiendas de que me encontraba en un espacio libre y seguro. Me iba de cada sesión llena de una tranquilidad que nunca antes había experimentado- la tranquilidad, como no tardé en darme cuenta, que solo viene de Dios- pero al mismo tiempo llena de una curiosidad y un anhelo por entender más, no solo sobre Dios sino también sobre mí misma, sobre mi propio papel en esta tierra como sierva de Dios. 

Y tan pronto como salí de mi ensimismamiento, me di cuenta de que RCU no se conformaba con ayudar a un solo estudiante, o incluso a unos pocos, por muy extranjeros que fueran. La meta de RCU es otra mucho más grande: quiere tocar los corazones y cambiar las vidas de cada estudiante que pise el suelo de la universidad. Quiere llenarlos con el Espíritu Santo para que tengan ese consuelo, esa esperanza, esa fuerza que provienen de Dios y que es la única cosa que los puede ayudar y sostener en esa etapa de vida que es tan confusa, tan estresante y- mejor que lo digamos sin tapujos- tan deprimente a veces. Pero lo más importante de todo, RCU nos quiere mostrar qué es vivir para Dios. Gracias a este grupo, he recibido la respuesta: ahora sé qué significa tener fe y confiar en Dios, qué significa entregarle mi vida a Él, y qué significa vivir para glorificarlo. 

Así, pues, aprendí que esas ‘lindas palabras’ que me dijo mi familia, eran mucho más que eso: constituyen una verdad hermosa y eterna, una verdad que nunca va a dejar de ser por muy solos y desesperados que nos sentamos. Es por esa razón que la misión universitaria de RCU es tan importante, porque tantos estudiantes, precisamente cuando más la necesitan, no conocen esta verdad increíble.

República Comunidad Universitaria

 

Victoria Subercaseaux 41, Of 301.

Iglesia Anglicana Santiago Apóstol.

Santiago Centro

Síguenos

  • Facebook Clean Grey
  • Twitter Clean Grey

Únete a nuestra lista de correo

No te pierdas ninguna actualización

bottom of page